Él
Lo vi. Lo vi y no vi nada especial. ¿Quién iba a pensar que él, un hombre común, un hombre corriente, iba a terminar unido a mi existencia? Me da hasta un poco de asco al pensarlo. ¡Unida a un hombre tan normal!. Un hombre que se levanta a las 6:30 de la mañana, se ducha y se viste de traje, zapatos y corbata. Un hombre que todos los días bebe una taza de café con tostadas al desayuno. Un hombre que sale con un maletín en dirección al metro para irse a trabajar. ¿Quién iba a pensar que pasaría mi existencia con un hombre común?. Un hombre que por la calle compra el diario y lo lleva acomodado bajo el brazo. Cielos, ¡Si es como si quisiera lucir su vida asquerosamente diseñada a través de un molde!. A veces incluso me cuestiono si debiera ser así, si es un hombre como el quien debiera estar conmigo. No, no debería ser así, yo odio lo típico, y el es insoportablemente, odiosamente típico. Y cuando llegue a la casa y vea su lastimosa cara neutra viendo el noticiero, con su chaqueta a un lado, sentado en el sofá, con las mangas de la camisa arremangadas y la corbata aflojada. Cuando lo vea ahí sentado con un café en la mano derecha y el brazo izquierdo aferrado al respaldo del sofá, no le diré nada. Solo me iré a la pieza y ordenaré mis cosas. Saldré con las maletas y me quedará mirando, me dirá: “¿donde vas?”, y ahí es cuando explotaré.”¡Ya no te soporto, eres lo mas FOME que me ha pasado!”. Cerraré la puerta de golpe y se quedará ahí, con aire aturdido, pero ni siquiera reaccionará. Para cuando lo haya hecho yo me encontraré en un bar frente a un hombre borracho, al igual que yo, preguntandonos las mismas cosas típicas…
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