martes, enero 30, 2007

Horas

Entonces él se queda dormido y ella lo mira. Que buena noche han pasado juntos, haciendo el amor como si se acabara el mundo, conversaron y se contaron todo lo que pudieran contarse, y lo que no podian también se lo contaban. Entonces el se quedó dormido, ella se acercó al balcon, se fumó un cigarro y no quiso recordar al hombre que la esperaba en casa. Esta noche no, esta noche era de ella y de aquel hombre que ahora yacía dormido en la cama, y que no parecía un ángel, porque babeaba y dormía con los ojos entreabiertos. No roncaba pero respiraba fuerte, y dormia en una posición, digamos, no muy sexy. Pero ella lo prefería. El que la esperaba en casa era tan perfecto que a ella la hacía caer en una desesperación y desconfianza típica de aquellos que se sienten superados por otro ser humano, y que tienen demasiado orgullo para soportar a una persona mejor que uno. En cambio con este hombre de los ojos blancos al dormir y con el hilo plateado saliendo de su boca lograba reirse, lograba sentirse bien consigo misma, y le encanta ver su cara de moribundo al dormir, mientras pasan y pasan las horas.

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