sábado, noviembre 03, 2007

Rabia Enjaulada

Cada uno sirve su plato, comemos en silencio. El hace sonar su comida sabiendo que a mi me apesta, yo, antes que el termine su plato, prendo un cigarro, y sé que el lo odia.
No nos decimos nada, es una guerra en silencio, intentando hacer todo por desesperar al otro. Intentando hacer lo imposible por lograr que el otro se enoje tanto que se vaya callado.

El rompe el silencio y me dice;
- te molesta si salgo hoy con mis amigos?
- no -le respondo
- y si llego a la hora del pico?
- haz lo que querai, weá tuya
-le digo...

Me molesta que me haga esas preguntas, como si yo le robara la libertad, quiere hacerme sentir una bruja siendo que nunca le he obligado a nada ni le he pedido explicaciones.
El se da cuenta de eso, se queda callado.

El lava su plato y yo espero que se vaya de la cocina para lavar el mio. No hablamos nada. Al final veo que no salió y que se puso el pijama temprano.

Yo espero a que se vaya a dormir y me quedo viendo tele en el sillón. No quiero ir a la cama y sentirlo cerca, no quiero compartir con él ese momento entre que te acuestas y en que te quedas dormido. No quiero saber que ambos estamos pestañando disimulando nuestro insomnio.

Este es un campo de batalla silencioso, de esos que más duelen, porque te tragas la rabia y no se logra digerir, te queda atrapada en la garganta ahogandote y no baja ni con agua ni con pan.

Me quedo dormida en el sillón con la tele prendida, y sueño con él, sueño que se va, sueño que despierto y ya no está en la cama, y no están sus cosas, me voy a la cocina y veo solo mi taza, él ya no está.

Me despierto y decido irme a la cama. Veo que aún está aqui, y duerme, mientras él lo hace me acuesto a su lado y lo abrazo tan fuerte que siento su respiración agitarse.

- te amo -le digo- te amo siempre.